Ser universitario no es sencillo. A los exámenes, trabajos y demás deberes del aula, en ocasiones, se le suman ciertos obstáculos que hacen que ir a la universidad se convierta en toda una odisea. Así ha ocurrido este jueves, 8 de marzo, en Somosaguas, cuando, en pro de la defensa de la igualdad de género, cientos de jóvenes se han manifestado, han exigido que se secunde la huelga y, en su afán por el respeto, han impedido celebrar con normalidad las clases.

Todo comenzó en la noche del miércoles. Unas 350 estudiantes se habían encerrado dentro de la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense de Madrid. Solo se permitían mujeres. El jueves era su día y tenían que organizarse para la manifestación y las protestas. Los hombres no podían hacer huelga, porque la mejor forma de apoyar al movimiento feminista era no crear follón y asistir a clase, aunque se obligase después al profesor a no realizar ninguna práctica o examen.

“La idea es que hagan solo ellas huelga, para que se vea lo que pasa si faltan. Si todos los chicos hiciésemos huelga, no se visibilizaría el papel de la mujer”, ha señalado Pablo, estudiante del doble grado en Derecho y Ciencias Políticas y miembro de la comisión masculina de la asamblea, que, como símbolo reivindicativo y de apoyo a las mujeres, ha preparado la cena y el desayuno (comprado en el Aldi de enfrente del campus) a sus compañeras revolucionarias.

Durante la mañana, han sido varias las reivindicaciones y cánticos que se han escuchado contra el patriarcado, la Iglesia o, simplemente, contra el machismo. No obstante, Rodrigo, estudiante de Ciencias Políticas y también miembro de la comisión masculina, ha señalado que lo más relevante de esta jornada ha sido pedir “el fin del acoso laboral y promover la igualdad en la universidad, el mundo laboral y el hogar”.

ESTUDIAR, REIVINDICAR Y PELEAR
Si bien muchos han podido compartir la intención u objetivo de esta reivindicación, la praxis no ha sido tan bien acogida por toda la comunidad universitaria. Según Isabel, organizadora de la jornada y estudiante de Antropología Social y Cultural, los actos de este día iban a ser de protesta. Sin embargo, con el paso de las horas, como es habitual en el Campus de Somosaguas, la concentración ha cobrado más fuerza y se ha caracterizado por insultos, gritos y peleas entre mujeres.

“Esto acaba con todo lo que reivindican”, ha indicado un estudiante de Administración y Dirección de Empresas, quien, después de no haber podido hacer un examen por las activistas, ha apuntado: “Más que una huelga por la igualdad es una huelga por la superioridad”. Junto a él, toda su clase, de momento, ha perdido un 25% de la nota final en una asignatura que no brilla por su sencillez por no haber realizado la prueba.

Francisco, el profesor, se ha negado a cambiar la fecha. No obstante, ante la queja razonada de sus alumnos, ha decidido repensar su veredicto y les comunicará si se hará algún tipo de prueba o si, por el contrario, los estudiantes se tendrán que enfrentar en el examen final al 100% de la nota de la asignatura.

Según ha explicado el grupo feminista, Francisco estaba incurriendo en una ilegalidad al realizar un examen en fecha de huelga, porque, con este gesto, obligaba a sus alumnas a no faltar a clase. Por ese motivo, se ha boicoteado el examen y las clases donde se tenía que hacer algún tipo de entrega presencial. “O todos o ninguno”. Esa era la idea. Y les salió bien, porque los fracasos fueron pocos (uno de ellos, este vídeo que ha circulado por redes sociales).

No obstante, pese a que el propósito original era ese -interrumpir solo las clases donde se iban a hacer exámenes o a entregar trabajos-, al final se acabó impidiendo celebrar con normalidad clase en todo el edificio de la Facultad de Económicas y Empresariales. “Yo entiendo los sentimientos de la gente, pero no tengo tiempo para terminar el programa”, ha apuntado Carmen, profesora del Grado en Finanzas, a quien las activistas no han dejado terminar su clase.

Asimismo, sobre la organización de la huelga, ha añadido: “Si soy mujer y no doy clase, los alumnos que son chicos no iban a recibir la clase”. En este punto, Nuria, alumna de ese grado, ha apuntado la necesidad de respetar la libertad individual de cada persona: “Estoy a favor de la manifestación, pero estoy en contra de que nos obliguen a salir de las clases”. “Los estudiantes deberíamos aprovechar que podemos estudiar e ir después (por la tarde) a la manifestación”, ha señalado.

Ser universitario no es sencillo, y más si se está en Somosaguas. Además de lidiar con las entregas interminables, grupos de trabajo insufribles y profesores que no aman su trabajo con los que uno, por desgracia, se puede encontrar, también parece que haya que enfrentarse a los compañeros; a esos mismos con los que se compartirá oficina en el día de mañana, cada vez menos lejano. El odio no construye, se lleva años probando. Puede que sea el momento de cambiar de estrategia.