Era un 19 de noviembre de 2011. Como otro sábado cualquiera, quedó con sus amigos en la biblioteca de siempre, pero, al estar cerrada, acabaron yendo a otra cercana. Cogieron el coche por la avenida del Monasterio de Silos, en Mirasierra (Madrid), y, justo debajo del puente que queda cercano a Ventisquero de la Condesa, el piloto perdió el control, se saltó la mediana y chocó contra un BMW X5. El resultado: dos muertos, dos heridos graves y dos leves. Covadonga Sanz Gutiérrez fue una de las que más sufrió.

Perdió a dos de sus amigos en el accidente y la pierna derecha, y estuvo en coma durante cuatro meses en el Hospital La Paz. Hoy, es una nueva persona. Del Atlético de Madrid. Muy cercana, como para pedir que la tuteen. Tiene una prótesis -que le gusta dejar junto a su zapato la noche de Reyes- y una vitalidad que transmite desde su mirada y sonrisa. En parte, propiciada por su afán a la bicicleta, con la que se hace 30 km semanales, aunque también hay que decir que tiene una gran familia, con seis hermanas.

P. Han pasado cinco años del accidente. Estuviste cuatro meses en coma y te las viste cara a cara con la muerte. ¿Qué recuerdas de cuando despertaste?

He estado en ninguna parte durante cuatro meses. Yo salí del accidente con un daño cerebral. Al despertar, reconocía a mi familia y mi casa, pero no tenía un pensamiento claro. Por ejemplo, cuando hablaba con mis hermanas, no era capaz de mirarles a los ojos y una conversación normal me agotaba. Me distraía fácilmente y no era capaz de mantener la atención en algo. Como decían mis hermanas: estaba en el mundo Disney. Eso sí, mi familia estaba muy pendiente de mí.

P. Perdiste la pierna derecha en el accidente y, como es habitual en estos casos, comenzaste un período de rehabilitación. ¿Cómo fue el proceso?

El proceso ha sido muy largo. Sigue estando, de hecho. Solo pesaba 30 kg y no podía caminar. Empecé la rehabilitación física y terapia ocupacional en La Paz. Poco a poco, empecé a moverme y a poder estirar la pierna, tumbarme, mantener el equilibrio. Como salí con la mano izquierda y la cara dañadas, me enseñaron a desarrollar la movilidad y a vocalizar con distintos ejercicios. Así estuve casi un año.

P. Hoy, ¿cómo es tu día a día?

Todo el mundo cree que lo duro ha pasado, pero ahora sigue siéndolo igualmente. No aguanto todo el día con la prótesis, pero tengo que acostumbrar al muñón. Es difícil, tengo 21 años y me cuesta estudiar y seguir luchando. Cada día es un reto. Sobre todo, por pensar que lo puedo hacer mejor que ayer. Hay que levantarse con decisión, porque la vida vale y hay que seguir hacia adelante.

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